

En los entornos empresariales actuales, atravesados por la digitalización y los entornos volátiles e inciertos, la formación no debe ser un evento puntual sino un recorrido continuo de mejora. El aprendizaje empresarial ha venido evolucionando y cada vez más, busca su verdadero objetivo que es generar experiencias significativas, conectadas con el propósito del negocio, las necesidades del talento humano y las dinámicas del entorno. Pero este tránsito no ocurre de manera espontánea: debe ser cuidadosamente diseñado para producir una ruta con enfoque sistémico. Y es aquí donde cobra relevancia el diseño instruccional, no como un proceso meramente sistemático, sino como una herramienta sistémica al servicio de la estrategia organizacional.
Una ruta o recorrido de aprendizaje es la suma de interacciones, recursos, experiencias y reflexiones que vive una persona mientras desarrolla una competencia o transforma su forma de pensar, sentir o actuar. En el ámbito digital, este recorrido se apoya en tecnologías, pero va mucho más allá de los LMS (Learning Management System) o las plataformas interactivas. Implica:
En el proceso de pensar en el sujeto y en la construcción de una ruta de aprendizaje empresarial, con sentido ya no hablamos de «usuarios» o «estudiantes» en abstracto. El aprendiz moderno es una persona con responsabilidades, presiones y expectativas, que decide si le da atención a un curso en los primeros 8 segundos. ¿Qué lo motiva?
Gartner (2021) señala que más del 70% de los empleados adultos valoran más los contenidos que pueden aplicar de inmediato que los programas largos y estructurados. Esto exige un cambio radical en cómo diseñamos y facilitamos el aprendizaje.
Tradicionalmente, el diseño instruccional ha sido comprendido como un proceso sistemático: planificado, organizado en pasos, orientado a objetivos. Modelos como ADDIE o SAM han guiado el desarrollo de cursos efectivos y estructurados. Sin embargo, este enfoque puede resultar insuficiente en contextos complejos, dinámicos y personalizados como los que vivimos en la empresa actual.
Aquí es donde entra el enfoque sistémico del diseño instruccional, que propone:
Autores como Peter Senge, con su teoría de las organizaciones que aprenden, o Reigeluth y Carr-Chellman, al proponer modelos instruccionales orientados al cambio sistémico, reafirman esta visión integral. En palabras de Senge, “el aprendizaje no ocurre en piezas sueltas; requiere ver el todo, no solo las partes”.
Implica responder preguntas clave antes de producir cualquier contenido:
Y desde lo práctico, implica combinar estrategias como:
Asumir un enfoque sistémico del aprendizaje transforma también el rol de las áreas de Formación y Desarrollo. Ya no son las «productoras de cursos», sino estrategas de capacidades. Para ello, requieren:
A modo de conclusión podemos decir que la ruta de aprendizaje en las empresas no puede ser una lista de módulos ni un menú de cursos. Debe ser una experiencia diseñada con intención, alineada con la estrategia organizacional y conectada con el ser humano que aprende. Eso solo es posible cuando entendemos el diseño instruccional no como una serie de pasos, sino como una visión sistémica que reconoce las múltiples interdependencias del aprendizaje.
Así, pasamos de diseñar contenidos a orquestar ecosistemas de aprendizaje que transforman realidades.
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